miércoles, 29 de julio de 2026

COMPUTACIÓN CUÁNTICA: cómo una tecnología del futuro pone en jaque a la criptografía del presente

La computación cuántica es, a efectos prácticos, una tecnología del mañana: los ordenadores capaces de resolver los grandes problemas que se le atribuyen no existen todavía a escala comercial. Y sin embargo ya está cambiando decisiones que se toman hoy.

La farmacéutica, la logística y las finanzas exploran aplicaciones prometedoras, pero seamos realistas: su uso sigue muy limitado y exige inversiones en I+D que solo unos pocos pueden asumir. Hay un frente, en cambio, donde la espera no es una opción: la ciberseguridad. Y no porque haga falta que la computación cuántica exista ya, sino porque la amenaza que representa para el cifrado actual actúa sobre los datos que circulan hoy.



El problema: una amenaza retroactiva

Cuando exista un ordenador cuántico suficientemente potente, podrá romper los algoritmos que protegen casi toda la comunicación digital actual: banca, sanidad, administración pública, propiedad industrial, comunicaciones personales.

La infografía que abre el post lo resume en tres variables: cuánto tiempo necesita una organización que sus datos sigan seguros (X), cuánto le llevará migrar a criptografía resistente (Y) y cuándo llegará el llamado Día Q, el momento en que exista esa máquina. Si X + Y supera el Día Q, se llega tarde.

Y aquí está lo contraintuitivo: llegar tarde no significa quedar expuesto a partir de ese día, sino quedar expuesto hacia atrás. Todo lo que hoy viaja cifrado y alguien haya guardado podrá descifrarse entonces.

Esto tiene un nombre: "Harvest Now, Decrypt Later" — cosecha ahora, descifra después. Actores con capacidad de ciberespionaje —principalmente estados-nación— llevan años interceptando y almacenando tráfico cifrado para descifrarlo cuando la tecnología lo permita. No es especulación: es la hipótesis de trabajo de los servicios de inteligencia occidentales.

La solución existe y está estandarizada: el NIST publicó en agosto de 2024 los primeros algoritmos resistentes a ordenadores cuánticos, tras años de evaluación pública internacional. Migrar a ellos, en cambio, no es pulsar un botón.

Los grandes están acelerando

Google, Microsoft y AWS han acelerado sus planes, convergiendo en 2029 como horizonte de transición completa —muy por delante del plazo de 2035 que era la referencia hasta hace poco. No es casual: Google advirtió a principios de 2026 que el Día Q podría llegar tan pronto como en 2029. AWS ya tiene servicios críticos en producción con criptografía post-cuántica, Microsoft la ha integrado en Windows 11 y Azure, y Cloudflare afirma que la mayoría del tráfico de su red ya viaja protegido.

La señal es difícil de ignorar: quienes construyen los ordenadores cuánticos son los que más urgencia muestran en protegerse de ellos.

Y esto debería ponernos en preaviso, porque la historia de la criptografía ya nos dio esta lección. Cuando en 1977 se estandarizó DES —el algoritmo que cifró medio mundo durante décadas—, parte de su diseño (las S-Box) levantó sospechas de puerta trasera. Trece años después, al publicarse el criptoanálisis diferencial, se descubrió que DES era mucho más resistente a ese ataque de lo que habría sido por casualidad: no había puerta trasera, había conocimiento previo. Durante quince años la comunidad pública desconoció un ataque que quienes diseñaban los estándares ya conocían.

Si esa asimetría existió entonces, no hay razón para asumir que hoy no exista. Cuando quienes tienen más recursos y más acceso a información clasificada adelantan sus calendarios, lo prudente no es preguntarse si exageran, sino qué saben que los demás no sabemos. El Día Q probablemente esté más cerca de lo que creemos.

Los reguladores ya han puesto fechas

Lo que era recomendación se está convirtiendo en obligación.

Estados Unidos. En junio de 2026 la Casa Blanca firmó una orden ejecutiva que adelanta el calendario federal entre cuatro y cinco años: las agencias deben migrar sus activos de alto valor antes del 31 de diciembre de 2030 (firmas digitales, 2031). Y no se queda ahí: alcanza también a los contratistas, que deberán cumplir los estándares FIPS post-cuánticos antes de finales de 2030 para poder seguir trabajando con el gobierno estadounidense.

Europa. En junio de 2025 la Comisión y los Estados miembros publicaron una hoja de ruta coordinada con tres hitos: final de 2026 para arrancar las estrategias nacionales y los primeros inventarios criptográficos, 2030 para infraestructuras críticas y 2035 para el resto. Y está dejando de ser una recomendación: en enero de 2026 la Comisión propuso incorporar la migración post-cuántica directamente a NIS2, y desde diciembre de 2027 el Reglamento de Ciberresiliencia exigirá agilidad criptográfica en los productos: la capacidad de cambiar de algoritmo sin rehacer el sistema entero.

España también tiene fechas

Este mismo mes de julio de 2026, el Centro Criptológico Nacional —responsable de la seguridad TIC del Sector Público español— ha publicado la guía CCN-TEC 009 / BP 37, "Recomendaciones para una transición postcuántica segura". No es un documento de prospectiva: el CCN subraya la obligatoriedad de migrar hacia soluciones resistentes a la computación cuántica, con un calendario por nivel de riesgo:

  • 31 de diciembre de 2030 — sistemas de riesgo alto, completamente migrados.
  • 31 de diciembre de 2035 — sistemas de riesgo medio.
  • Riesgo bajo — en la medida de lo posible.

El CCN describe la transición en cuatro fases —descubrimiento, adquisición, despliegue y puesta en marcha— y dedica un apartado propio a la gobernanza: quién lidera, cómo se mide el progreso y cómo se acredita el cumplimiento. Su decálogo empieza por lo más terrenal: iniciar cuanto antes y asignar presupuesto y personal.

Y mientras se cierra la transposición de NIS2, que sigue en tramitación parlamentaria, la referencia para el sector público y sus proveedores continúa siendo el Esquema Nacional de Seguridad.

La aritmética que no cuadra

Aquí está el dato que convierte un calendario en urgencia: una migración criptográfica lleva entre ocho y quince años en organizaciones medianas y grandes. Una entidad con sistemas de riesgo alto tiene poco más de cuatro años para completar algo que normalmente se mide en más de una década.

El tamaño del esfuerzo lo ilustra la administración estadounidense, que cifró en unos 7.100 millones de dólares la migración de sus sistemas civiles prioritarios — advirtiendo, además, que la estimación es poco fiable porque las agencias aún no conocen su propio inventario criptográfico. Ese detalle es el más revelador de todos: el primer obstáculo no es técnico ni presupuestario, es simplemente no saber qué criptografía se tiene desplegada.

Por dónde empezar

Con una sola pregunta: ¿sabemos qué criptografía tenemos desplegada y dónde? En la mayoría de las organizaciones la respuesta honesta es que no — y esa respuesta ya es el diagnóstico.

Por el inventario criptográfico. Es el primer paso de cualquier hoja de ruta seria: alcance acotado, sin grandes decisiones de inversión, y produce el mapa sin el cual todo lo demás es adivinar. Es además lo que el hito europeo de final de 2026 exige tener empezado.

Priorizando donde el dato vive mucho tiempo: sanidad, justicia, identidad digital, registros, cualquier sistema con firma electrónica o PKI. Caen en "riesgo alto" y son los que más tardan en migrar, porque su criptografía está enterrada en la arquitectura.

Nada de esto exige creerse una fecha concreta para el Día Q. Exige aceptar algo más modesto: que la incertidumbre sobre cuándo llegará no es un argumento para esperar, sino exactamente la razón para empezar. 


La computación cuántica es una tecnología del mañana.

la decisión de prepararse para ella es de hoy.


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