La computación cuántica es, a efectos prácticos, una tecnología del mañana: los ordenadores capaces de resolver los grandes problemas que se le atribuyen no existen todavía a escala comercial. Y sin embargo ya está cambiando decisiones que se toman hoy.
La farmacéutica, la logística y las finanzas exploran aplicaciones prometedoras, pero seamos realistas: su uso sigue muy limitado y exige inversiones en I+D que solo unos pocos pueden asumir. Hay un frente, en cambio, donde la espera no es una opción: la ciberseguridad. Y no porque haga falta que la computación cuántica exista ya, sino porque la amenaza que representa para el cifrado actual actúa sobre los datos que circulan hoy.
